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Jueves 30/10/2014. Actualizado 13:56h.

cultura/sociedad

LUNES, 19 DE MARZO DE 2012

La acidez de los océanos se acelera a un ritmo sin precedentes


Charo Barroso / Madrid
A lo largo de los últimos 300 millones de años la química del océano ha sufrido profundos cambios, pero ninguno de ellos ha sido tan rápido, de tanta magnitud y tan global como el que está ocurriendo en la actualidad. Y todo ello por la influencia del hombre. Así de rotundas son las conclusiones de un estudio internacional, en el que han participado científicos españoles, y que revela la excesiva acidificación de todos los océanos.
El próximo 8 de junio será el día mundial de los océanos y, sin embargo, parece que los mares de nuestro planeta tienen cada año menos que celebrar. Las emisiones de CO2 provocadas por el hombre no sólo causan el calentamiento global, sino que además son las responsables de la progresiva acidificación de los mares (una disminución del pH de la superficie) que repercute gravemente en los organismos marinos que construyen caparazones o esqueletos de carbonato cálcico, como los corales, moluscos y algunos crustáceos. Pero su efecto dominó traerá también consecuencias sobre los ecosistemas, la pesca y el turismo.

La acidificación marina ocurre a medida que el CO2 emitido por las actividades humanas, derivado fundamentalmente de la quema de combustibles fósiles, se disuelve en los océanos. En la actualidad, los océanos absorben unas 25 millones de toneladas de CO2 cada día, volviéndose más ácidos. Este proceso está siendo estudiado alrededor del mundo por diversos proyectos de investigación que concluyen que la acidificación oceánica es un hecho constatado y supone una importante amenaza.

Las investigaciones hasta ahora llevadas a cabo en el laboratorio, en acuarios que simulan escenarios futuros de acidificación, apuntan a los posibles efectos sobre los organismos marinos como la disolución de sus conchas, un crecimiento más lento, pérdida de masa muscular o una reducción de la actividad. Pero ahora, un nuevo trabajo internacional en el que han participado investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de la Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats (ICREA) y de la Universidad Autónoma de Barcelona, demuestra que la rapidez de estos cambios no tiene precedentes desde hace 300 millones de años.

Una conclusión a la que han llegado trasladándose al pasado y revisando aquellos fenómenos climáticos de los últimos 300 millones de años en los que se han producido una mayor elevación de CO2 en la atmósfera, calentamiento global o acidificación de los océanos. La diferencia con los experimentos de laboratorio reside en que este registro geológico es un experimento en tiempo real en el que participa todo el océano.

Un análisis de las grandes extinciones

El estudio ha detectado momentos concretos de la historia de nuestro planeta asociados con una profunda acidificación, como el máximo térmico del Paleoceno-Eoceno, hace 56 millones de años. “Debido a emisiones volcánicas y a la desestabilización de hidratos de metano congelado en los fondos marinos, se liberaron a la atmósfera grandes cantidades de carbono, de una magnitud parecida a la que los seres humanos podrían llegar a emitir en un futuro. Durante este evento tuvieron lugar grandes extinciones, sobre todo de fauna bentónica. No obstante, la inyección de C02 fue, como mínimo diez veces más lenta que la actual, lo que augura consecuencias más catastróficas al cambio antropogénico actual”, señala Carles Pelejero, investigador del Instituto de Ciencias del mar del CSIC y de ICREA.

El registro geológico de esta investigación ha tenido en cuenta detalles sobre cambios biológicos asociados a otras grandes perturbaciones globales, como la gran extinción que tuvo lugar hace 65 millones de años, a finales del Cretácico, como consecuencia del impacto de un asteroide, u otras extinciones como la del final del Triásico, hace 200 millones de años, o la del final del Pérmico, que se remonta a 252 millones de años atrás. Extinciones que estuvieron asociadas a una gran acidez del mar, a la disminución del contenido de oxígeno de los océanos y a grandes calentamientos. Tres factores, calentamiento, acidificación y desoxigenación que hoy día están afectando de manera global a todos los mares.

Los científicos sugieren que es posible que “estemos entrando en un territorio desconocido de cambios en el ecosistema marino”. Los corales que están sufriendo seriamente las consecuencias de este fenómeno. Si tenemos en cuenta que un cuarto de todas las especies marinas depende de estos arrecifes como refugio, fuente de alimentación, zona de protección y área de desove, las consecuencias pueden ser imprevisibles. Hoy los niveles de carbonato han disminuido mucho cerca de los polos; para 2100 podrían ser demasiado bajos para que los corales sobrevivan incluso en los trópicos.

Diferente impacto en los océanos

A pesar de que la acidificación se produce de manera global, resulta más intensa y rápida en algunas regiones del océano que en otras. El Pacífico y las aguas de altas latitudes como el océano Ártico o el Austral son áreas que se consideran muy vulnerables en cuestión de décadas.

Nuestros mares tampoco escapan a este problema. El proyecto ‘Mediterranean Sea Acidification in a changing climate (MedSeA)’, financiado por la Comunidad Económica Europea, está evaluando la incertidumbre, riesgos y umbrales de cambio, relacionados con la acidificación del Mar Mediterráneo a nivel de organismos, ecosistemas y economía. “Además, se identifican los lugares del Mediterráneo donde el impacto de la acidificación será mayor, teniendo en cuenta la secuencia de causas y efectos, la química y la biota del mar, y los costes socioeconómicos”, explica Patrizia Ziveri.

Los efectos sobre la acuicultura, la industria pesquera o el turismo costero no se harán esperar. Por ejemplo, la desaparición de los arrecifes de coral lleva aparejada una menor protección frente a tormentas marinas y tsunamis. El impacto de la acidificación sobre la industria pesquera y, por tanto, sobre el abastecimiento de comida puede llegar a ser especialmente grave sobre todo en un momento en el que se está doblando la demanda global de alimentos. Los científicos coinciden en que la pregunta clave no es si la vida del océano se adaptará a la acidificación del océano. Lo que hay que cuestionarse es si su capacidad de adaptarse será lo suficientemente rápida, acorde con la veloz acidificación del océano y si será capaz de proporcionar al hombre los mismos servicios.

Por todo ello, los investigadores advierten sobre la “urgente necesidad” de reducir drásticamente las emisiones de C02 antes de que muchos mares se acaben haciendo hostiles para las especies que calcifican. “A través de los impactos que detectamos a través del registro fósil, no queda ninguna duda de que deberíamos atacar cuanto antes el problema desde su raíz, adoptando medidas para reducir inmediatamente nuestras emisiones de CO2 en la atmósfera. Además, tenemos que mitigar los efectos de sinergias entre múltiples factores de estrés ambiental sobre las comunidades marinas, por ejemplo aumentando el número y extensión de las áreas marinas protegidas”, sentencia la investigadora de la UAB, Patrizia Ziveri.

Lea también: “No vivimos en un planeta infinito"

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