cultura/sociedad

LUNES, 14 DE MAYO DE 2012

Hábitat 1180: los volcanes de fango del Golfo de Cádiz


Más de 1.000 especies habitan los volcanes de fango del Golfo de Cádiz

Charo Barroso / Madrid
Un equipo de científicos españoles ha logrado filmar, por primera vez, la biodiversidad asociada a emanaciones de metano en aguas gaditanas. Robots submarinos de última generación han conseguido minuciosas imágenes que servirán para comprobar el estado de conservación de estos vulnerables ecosistemas. Un auténtico viaje por el hábitat 1180.
En la oscuridad de los fondos más profundos del Golfo de Cádiz se desarrolla un ecosistema único. Al amparo de las emanaciones de gas metano que surgen del subsuelo marino, en los conocidos como volcanes de fango, corales, esponjas, gorgonias, bivalvos… construyen su singular nicho ecológico. Espectacular, frágil y vulnerable. Un equipo de científicos del Instituto Español de Oceanografía (IEO), en cooperación con el Instituto Hidrográfico de la Marina, embarcó a primeros de abril en el buque oceanográfico Ramón Margalef para realizar una campaña de investigación en los únicos volcanes de fango que, de momento, se conocen en nuestras aguas. Un proyecto que ha permitido adquirir una perspectiva del fondo marino sin precedentes en la investigación científica española y que ha constatado un fuerte incremento en el número de especies encontradas, que supera el millar. Muchas de ellas de inmenso valor natural y que nunca hasta entonces habían sido citadas. Una campaña en la que han participado nueve científicos y que ha estado liderada por los investigadores del Grupo Gemar del Centro Oceanográfico de Málaga del IEO, Luis Miguel Fernández y Víctor Díaz del Río.

En estos vulnerables ecosistemas la presencia de una u otra especie, de una u otra comunidad, depende de tan múltiples factores como la profundidad, la disponibilidad de alimento o la depredación, las características del sustrato, las corrientes de fondo o las emanaciones de fluidos cargadas de metano. Un delicado equilibrio que, además, se ve afectado por la acción del hombre con labores como la pesca de arrastre o la minería. “La presencia de estas comunidades asociadas a emisiones de gases, que la Red Natura 2000 ha calificado como hábitat 1180, enriquece los fondos marinos”, señala Víctor Díaz del Río, doctor en Ciencias Geológicas y responsable de este proyecto impulsado por el IEO y que forma parte del proyecto Life+Indemares, que promueve la Comunidad Europea.

“Nos ha llenado de asombro poder comprobar cómo especies tan frágiles como algunos invertebrados, y tan esenciales para el sostenimiento del equilibrio ecológico como son las especies filtradoras, se reproducen en estos lugares formando verdaderos campos extensos en los que habitan”, señala este especialista que precisa que durante la expedición también han podido constatar, además de un abundante número de especies, la elevada presencia focos de emisión de fluidos, muy superior al que se había registrado en la actualidad.

“El objetivo de la expedición es recabar información sobre los ecosistemas que habitan en fondos marinos en los que las emanaciones de gas metano han favorecido la aparición de especies protegidas o en riesgo de extinción”, señala el investigador del IEO que destaca descubrimientos como una ostra gigante denominada Neopycnodonte zibrowii que ha ido huyendo de las zonas litorales y que se creía extinguida, y que, sin embargo, han hallado agazapada en un recodo rocoso en la cumbre de un volcán de fango a unos 800 metros de profundidad, el del coral de aguas frías Lophelia pertusa, que nunca se había visto en el Golfo de Cádiz, y un molusco de la especie Acharax que habita en el interior de los sedimentos y que sobrevive gracias a la simbiosis que mantiene con los consorcios de bacterias consumidoras de metano. Un ambiente tóxico para cualquiera ser humano, pero un auténtico paraíso para estas especies.

Durante los quince días que ha durado la expedición, la actividad a bordo del Ramón Margalef no ha podido ser más intensa. El buque ha mantenido su actividad día y noche, las 24 horas seguidas. Mientras en cubierta parte del equipo tamizaba con agua de mar las muestras de sedimento, con olor a sulfídrico, obtenidas con la draga box corer, otros procesaban, conservaban y almacenaban las muestras extraídas. Al mando de ordenadores y paneles, otro equipo analizaba las imágenes fotográficas, los videos submarinos y trataba de encontrar el mejor lugar en que realizar los futuros muestreos. “Hay que meter las manos en el sedimento, deshacer los grumos y separar, gracias al sentido del tacto, la fauna que se entierra para poder clasificarla. Nadie se libraba de las salpicaduras de barro, al final de la jornada en lugar de científicos parecíamos una horda de indios sioux con pinturas de guerra”, bromea el investigador. No obstante, a pesar de que muchas de las labores a borde del buque se han tenido que realizar de manera manual, esta expedición ha contado con la tecnología más puntera en nuestro país en cuanto a vehículos submarinos.

Robots de última generación

La robótica ha permitido recuperar, con una minuciosidad sin precedentes, imágenes de la actividad bacteriana ligada a emisiones de gases, y de la vida submarina. Para ello el equipo de científicos ha contado con tecnología de última generación. Un moderno Vehículo de Observación Remota (ROV) denominado Liropus 2000, y que es el único robot de estas características que existe en nuestro país. Está equipado con una cámara de video y fotográfica HD, un puntero laser multihaz que permite la restitución de las imágenes, dos focos leds de 18.000 lúmenes cada uno y un trasponder para el posicionamiento con respecto al buque oceanográfico. Todo ello sobre una estructura hidrodinámica. Una avanzada tecnología cuyo coste alcanza el millón y medio de euros. La expedición también ha contado con otro prototipo de Vehículo de Observación Remolcado (VOR) denominado Aphia 2012, desarrollado en el Centro Oceanográfico de Málaga del Instituto Español de Oceanografía (IEO) por el Grupo de Geociencias Marinas, que permite obtener imágenes digitales simultáneas de video y fotografía de muy alta definición.

La tecnología de última generación disponible a bordo del buque, compuesta por sondas acústicas y sísmicas de alta resolución, “ha permitido realizar una prospección respetuosa con los diferentes tipos de hábitats marinos estudiados”, señala Víctor Díaz del Río. Una tecnología con la que se han obtenido más de 21 horas de grabación en video HD, 15.000 fotografías HD, 36 estaciones de draga box corer que han supuesto 80 submuestras de fauna y microbiología, 150 para sedimentos y 1.000 kilómetros de levantamientos barimétricos con multihaz y topas.

Muestras, imágenes, videos, un proyecto sin precedentes que permitirá realizar una propuesta, científicamente argumentada, de las medidas que se han de poner en marcha para salvaguardar la sostenibilidad de estas especies de tan alto valor ecológico y tan elevada fragilidad.

Lea también: Entrevista: Víctor Díaz del Río, investigador del Instituto Español de Oceanografía



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