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LUNES, 4 DE JUNIO DE 2012

El 'baile' de Venus


Charo Barroso / Madrid
En el paso del martes al miércoles podremos ver un extraño fenómeno en los cielos de nuestro planeta que no volverá a repetirse hasta el 2117. Se trata del tránsito de Venus por delante del Sol. Será como un minieclipse, pues se podrá observar como un puntito negro recorre con parsimonia, de izquierda a derecha, la superficie brillante del astro rey. Durará poco más de seis horas. En España será visible solamente en sus últimos momentos al amanecer desde el noroeste de la península y las Baleares.
Venus es un planeta muy presente en la vida terrícola. Tras el Sol y la Luna, puede presumir de ser el astro más visible en nuestros cielos, y recibe su nombre de la diosa romana del amor. Es similar a la Tierra en tamaño, masa y composición, pero con una presión atmosférica 90 veces superior a la nuestra. Ha inspirado gran número de novelas, películas y canciones. ¿Quién no recuerda el 'Barco a Venus' de Mecano? La 'cercanía' es uno de los motivos que explican el gran despliegue mediático ante el acontecimiento del tránsito venusiano.

Este fenómeno transcurre cuando el Sol, Venus y la Tierra se alinean en ese orden, de manera que el planeta bloquea parte de la luz emitida por la estrella. Sucede en raras ocasiones porque las órbitas de Venus y la Tierra respecto al Sol están levemente inclinadas la una en comparación con la otra. Habrá que esperar hasta 2117 para que vuelva a ocurrir. No existe nadie con tanta paciencia. Desde que se inventó el telescopio sólo se han datado siete cruces de Venus delante del disco solar.

Los tránsitos de Venus suceden con el mismo patrón a una frecuencia de 243 años, con pares separados cada 8 años, cada 121 años y medio o 105 años y medio. El último par de tránsitos tuvo lugar a finales del siglo XIX. El siguiente par comenzó el 8 de junio de 2004 y concluye ahora. La situación de Venus unos pocos grados por encima del horizonte hará difícil la visión del fenómeno. Será visible en todas sus fases en una amplia zona del Pacífico y en lugares con una latitud mayor de 67,3º. El comienzo del tránsito se contemplará desde Asia oriental y septentrional, Australia, Nueva Zelanda, Océano Pacífico, Norteamérica, América central y el noroeste de Sudamérica. Empieza a las 22:09 (UTC) del 5 de junio. El final del espectáculo corresponde a la mayor parte de Europa (salvo su extremo más al sur). Aquí, en España, el contacto interior de la emersión será a las 6:37 horas, mientras que el exterior tendrá lugar a las 6:55 horas. Entonces se producirá una especie de gota negra en la que el planeta parece quedar enganchado unos segundos al extremo del disco solar.

Con filtros solares

Los afortunados que puedan 'asistir' al tránsito deben estar preparados con filtros solares adecuados. Se pueden utilizar las llamadas 'gafas de eclipse', que están homologadas por la Unión Europea. Enfrentarse al Sol sin protección puede causar graves lesiones oculares transitorias o permanentes. Internet será el escenario más propicio para que nos demos cita y comprobemos las habilidades de los expertos en la observación del fenómeno. El telescopio Hubble es uno de los invitados al acto. Como no puede mirar al Sol directamente, usará la Luna a modo de espejo para atrapar el reflejo del Sol y aislar la fracción de luz que atraviesa la atmósfera de Venus. El Hubble analizará la Luna durante siete horas, antes, durante y después del tránsito, para que se puedan establecer comparaciones.

Permite encontrar planetas

Gracias al tránsito de Venus por el disco solar resulta posible hallar planetas alrededor de otras estrellas, pues su investigación aporta elementos para perfeccionar las técnicas de observación mediante la determinación de la cantidad de luz que deja de emitirse desde la estrella hacia el lugar de observación. Servirá a los astrónomos para buscar planetas semejantes a la Tierra, incluso alguno habitable, allende nuestro sistema solar. Venus encarna la mejor representación posible, porque es similar en tamaño y masa a nuestro planeta.

La astronomía se ha servido del estudio del tránsito de Venus por el disco del Sol para establecer la distancia de nuestro planeta hasta el astro rey. La tecnología nos permite ahora definir esa distancia media con más detalle: 149.597.970 kilómetros.

Para observar el 'baile' de Venus, Europa ha puesto se valdrá del proyecto 'Gloria', para observar con telescopios solares y cámara digitales este singular fenómeno. Esta va a ser la primera de una serie de retransmisiones en directo de acontecimiento para 'promocionar' la astronomía entre el gran público. La Red Global de Telescopios Robóticos realizará una retransmisión en directo del fenómeno desde Noruega, Japón y Australia. Gracias a Internet todo el mundo podrá verlo. Se realizarán comentarios en vivo, en español e inglés, durante las retransmisiones. 'Gloria' es un proyecto de ciencia ciudadana que lidera la Universidad Politécnica de Madrid en el que participan 13 socios de 8 países. Su método: el acceso libre y gratuito a una red de telescopios robóticos a través de una interfaz web.

Venus y los mayas

El científico Jesús Galindo Trejo, del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE) de la UNAM (México), ha investigado las pinturas que se hallan en los restos arqueológicos de Mayapán, en Yucatán, y estima que existen evidencias de que los mayas observaron el tráfico de Venus en 1275. Seis siglos después, una expedición mexicana se adentró en tierras del Japón para encontrar el mejor lugar desde donde observar el tránsito de Venus. Era el año 1874 y al frente del equipo estaba Francisco Díaz Covarrubias. La fiebre por analizar el fenómeno llevó a astrónomos de distintos países (Inglaterra, Francia, Rusia y Alemania) a buscar el enclave más idóneo para observar el cruce, el 8 de diciembre. Covarrubias instaló dos pequeños observatorios en el entorno de Yokohama y consiguió información sobre la distancia que define la unidad astronómica. Cien años antes, en 1769, el capitán Cook observó el fenómeno en Tahití, un esfuerzo conocido entre los científicos como 'el programa Apolo del siglo XVIII'.

En Mayapán, Galindo ha realizado una serie de medidas a las pinturas en relación con el centro del observatorio o caracol astronómico maya. Se calculan dos momentos del año donde el Sol pintado es iluminado por el Sol real: el 9 de abril y el 2 de septiembre. La pirámide de Los Nichos en el Tajín, la alineación solar en el Templo Mayor de Tenochtitlán, Xochitecatl, Tlaxcala y Copal coincide con estas fechas. Estima Galindo que cada cultura puede recrear un calendario dependiendo del objeto celeste que observa para guiarse. Los mesoamericanos tenían una forma dual de medir el tiempo, una solar de 365 y la otra ritual de 260 días. Este sistema doble trascurre de forma paralela. Sin embargo, para que encajen como en un puzle se necesitan 52 años para que vuelva a empezar de forma conjunta la cuenta. Por eso, mientras el calendario solar da 52 vueltas, el ritual (también llamado Xolkín o Tonalpohualli) tiene que dar 73 vueltas.

Este número, el 73, está relacionado con Venus. El periodo sinódico de este planeta es de 584, cifra que se observa en códices tanto mayas como mixtecos. Si se suma 8 veces 73 da 584. Uno de los capítulos más destacados del Códice de Dresde es el relativo a Venus. Los mayas creían que este planeta era portador de malas noticias, de presagios oscuros y de guerras. Por eso determinaban sus posiciones con el objetivo de conjurar las desgracias con los métodos ceremoniales al uso. Dividían los casi 584 días del periodo de rotación de Venus en cuatro partes: 236 días de visibilidad en el este como estrella de la mañana, 90 días de paso tras el Sol, 250 días de aparición en el oeste como estrella vespertina y 8 días para el paso (no visible) entre la Tierra y el Sol. Las divinidades asociadas a Venus se caracterizan por llevar la muerte y la destrucción. Se consideraba especialmente negativo el momento en que Venus es visible por las mañanas.

Precisamente en Venus se inspiraron los mayas para su cuarta profecía, donde se afirma que el aumento de la temperatura de nuestro planeta, provocado por la agresión humana a la naturaleza y por la actividad del Sol, derretirá los casquetes polares. A ello se podría sumar la elevación del viento solar, que también incrementaría la temperatura de la Tierra. Los mayas calcularon que cada 117 giros de Venus, el Sol sufre graves alteraciones. No será por Venus ni por los mayas, pero habrá que estar atentos a lo que le hacemos a nuestro planeta mientras, de momento, asistimos a este maravilloso 'baile venusiano'.

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