cultura/sociedad

VIERNES, 29 DE JUNIO DE 2012

Cine


José María Rivero / Madrid
Cine

 
Slovenka

Ver ‘Cine de Barrio’ es asistir a una clase de historia de España. Lo de menos es el valor artístico de la película, hay que mirar más adentro. Así, aprender en ‘Rocío de la Mancha’, por ejemplo, como se vivía en los 60 en las zonas de los molinos de los Campos de Criptana. O quedarse con la idiosincrasia de los burgueses de cartón piedra con ínfulas de ‘Ha llegado un ángel’. U observar cómo crecían las ciudades con el desarrollismo de los tecnócratas del franquismo, como muestra ‘La ciudad no es para mi’. Todas son reflejo de su época y de las gentes de ese momento de nuestro país. Lo mismo sucede en ‘Slovenka’ con Eslovenia, con su capital, Liubliana. La película cuenta una artificial historia de una joven de clase cómoda que se mete en la prostitución para sacarse un dinero extra con el pagar sus lujos. Pero nada relacionado con ese mundo es tan aséptico, según el guión, y la situación se complica. O sea, una historia de lo más original, de esas que nunca nadie ha llevado al cine… Lo que no habíamos visto hasta ahora es ese retrato de ese país del Este, ejemplo de otros que se encuentran a su alrededor: de corruptelas, de escepticismo con Europa, de castas beneficiadas por el maná del Europarlamento… esa es la verdadera prostitución que cuenta el film: el fondo sobre el que se desarrolla la vida de esta chica, de esta ‘eslovaca’, que es lo que significa el título de
esta producción y como se anuncia el personaje en los anuncios de contactos de la ciudad.

Inmaduros

Cómo gusta a los distribuidores publicitar la película como ‘la más vista en su tierra’. A nosotros también nos gusta, porque así podemos ver cuáles son los países de los que fiarse a la hora de ir al cine. Y gracias a ‘Inmaduros’ hemos aprendido que el pueblo italiano, al menos 2.600.000 de ellos, son como ese amigo para el que el culmen del cine llegó con ‘Titanic’ o ‘Braveheart’ y el de la literatura con el nacimiento de Ken Follet. He aquí algo parecido a ‘Manuale d’Amore’: No son historias separadas, pero si coral, mezcla de humor y ternura y amenazan con una segunda parte. Aunque a ver cómo lo hacen, porque el filme va de un grupo de amigos, cada uno de los cuales representa un arquetipo (ah, la ‘commedia dell’Arte’, perpetuándose en Italia desde el siglo XVI…), asustados por el paso de los años, concretamente por el cruce de los 30 a los 40. Pero salvo algún momento simpático, la mayor parte tiene menos gracia que cualquiera de un capítulo de ‘Friends’, claro, que eso es poner el nivel muy alto. Al final, con todo, es la típica que veríamos con gusto en un recorrido de larga distancia en el autobús, vamos, la típica que cualquiera se tragaría un día de aburrimiento, pero no por la que pagar esos siete euros que serán más en cuanto suban el IVA. Por cierto, la película patria más vista el año pasado en nuestro país fue ‘Torrente’. Esta sería la que podría colgarse el eslogan de “la más vista en España”.

Marley/El foso

Bob Marley se llamaba Robert Nesto Marley. Su padre era blanco. Él, de origen campesino. Le gustaban las mujeres. Pasó mucho tiempo con una chica blanca, hasta se planteó dejar a su esposa por ella, pero no hubiera estado bien visto en un negro tan significado como él, no era como Kofi Annan, casado con una sueca. Todas estas cosas se aprenden ‘googleando’ o pagando siete euros por ver el documental sobre Bob Marley que se estrena este fin de semana. El típico que sirve para dárselas de enterado este verano cuando en la discoteca de la playa o en la verbena del pueblo suene ‘reggae’, que es por lo que se conoce a Marley. Si esta película parece interesante, ‘El foso’ ya lo es más que repasar la lista de los enfrentamientos de los Trastámara. Este segundo documental musical de la semana repasa la rutina de los músicos de la orquesta del Liceo. Que si nadie repara en ellos porque están en el foso (de ahí el título), que si son de muchos países, que si son gente muy dedicada, que si tienen miedo porque los recortes en cultura les dejen en la calle… con unos mimbres muy similares, ya se hizo una película de ficción más que aceptable, muy recomendable: la francorumanobelgafrancesa ‘El concierto’. Alquílenla, descárguensela, véanla y si quieren saber más de los músicos, como los que aparecen en ‘El foso’, acérquense al conservatorio. Les será más entretenido.

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