El dictador
Sacha Baron Cohen es un terrorista. O un radical. O un antisistema. O un minero. O un provocador. O un aprovechado. Seleccionen el término que más les guste para definir a todo aquel que hace ver lo ridículo que somos en nuestras convicciones, para todo aquel que dinamita aquello que no cuestionamos. Para todo aquel que va a tocar los huevos haciendo preguntas que nadie hace, bien por evidentes, incómodas, o vetadas. Pero todo con humor, mucha zafiedad y buscando el dinero de la taquilla. Sabiendo, o lamentando, que sus espectadores se quedarán más con la risa del chiste fácil que con la crítica velada o evidente. Ese es Sacha Baron Cohen. Eso hizo en ‘Borat’, donde un supuesto periodista kazajo hacía un estudio sobre la cultura, política y valores de los Estados Unidos y donde los fanáticos de aquel país se retrataban. Eso hizo en ‘Bruno’, un homosexual reportero que hurgaba en la moda. La primera, genial. La segunda, aceptable. Y la tercera… divertida, sí, pero demasiado obvia. Chistes demasiado simples, demasiado esperables porque se regocija en los tópicos sobre los dictadores árabes. Podría ser una parodia del estilo de la serie ‘Agárralo como puedas’ o ‘Aterriza como puedas’. El uno tomaba a la policía, el otro a los aviones y esta a ‘caudillos’ enloquecidos en su megalomanía tolerados por Occidente a cambio de seguridad en la zona y petróleo.
Elefante blanco
Claro, una película de Argentina, que hace siempre propuestas interesantes; una película con Ricardo Darín, que es uno de los mejores actores de lengua castellana en la representación del ciudadano común, aún cuando este sea un delincuente o un autista; una película que retrata barrios ‘conflictivos’ donde la vida no es vivir si no tratar de no morir; una película donde nos meten a sacerdotes con dudas sobre su celibato, su fe y su misión… pues claro, esa película está destinada a encantar a todo un sector de la progresía nacional. E incluso del acartonamiento nacional, porque como no sale Javier Bardem o Willy Toledo, se les podría colar sin problema. Y al final, lo que unos y otros irían a ver es un filme muy correcto, con un veraz retrato (suponemos) de lo que es la pobreza arrabalera sudamericana, que es algo que realmente no interesa tanto al espectador porque la desdibujada trama de los personajes principales es mucho más atractiva, aunque tal vez debería haberse centrado en una para no desdibujar. A saber: un sacerdote abnegado y un cura macizo que se lía con una asistente social con dudas existenciales.
Qué esperar cuando estás esperando
Tomen la serie que más les guste. Da igual que sea española o estadounidense. Tomen una, comedia, eso sí. Y busquen como toda la sociedad, los diferentes modelos en varias vertientes, está reflejada. Si pensamos en ‘Sexo en Nueva York’, nos encontramos con la golfa, la romántica, la práctica y la Carrie. Si nos fijamos en ‘Friends’, hay están listos, tontos, maniáticos, raros, ‘fuckers’, pringados… exactamente igual que en ‘Cómo conocí a vuestra madre’ o ‘The Big Bang Theory’ o ‘Verano Azul’ o ‘Al salir de clase’. Lo importante es que todo el mundo se vea reflejado, que todos se sientan que el producto audiovisual es suyo. Sí, el producto, porque de eso se trata: de que compren el producto. Y eso hace esta película: ha tomado un libro de autoayuda superventas sobre embarazo y lo han llevado al cine. Y como en el libro, en esa película aparecen diferentes tipos de parejas sometidas al embarazo. Hay una interracial y una madre adoptiva, por ejemplo. Y Cameron Díaz demostrando que está guapísima con tripita o sin ella. Y Jennifer Lopez evidenciando que Dios no la llamo para ser actriz, en un sentido ‘shakespeariano’, pero como la iluminación y el maquillaje la embellecen, pues ahí anda la mujer: en este tipo de trabajos útiles para pagar facturas donde una secundaria con un papel histriónica te roba la película. La veremos cuando la emita Antena 3 un sábado por la noche.