
A mi viejo maestro nacional, de cuando uno se encontraba en primaria y a los maestros se les llamaba maestros y no con la actual y gilipollesca terminología, le gustaba decirnos que “no hay nada más atrevido que la ignorancia”.
A mi viejo maestro nacional, de cuando uno se encontraba en primaria y a los maestros se les llamaba maestros y no con la actual y gilipollesca terminología, le gustaba decirnos que “no hay nada más atrevido que la ignorancia”.
Y es que desconocer las más elementales normas de urbanidad no forma parte de la cultura. Eso que nos diferencia de los salvajes y los animales no pensantes. Y aunque el viejo dicho de esta profesión dice que “perro no come perro”, los que somos lobos solitarios nos pasamos por la entrepierna el corporativismo y si vemos un idiota decimos que es un idiota.
Estuve atento a la rueda de prensa del ministro Luis de Guindos cuando anunciaba el acuerdo con el eurogrupo sobre el rescate de la banca española. El ministro quedó bastante bien, lo cual fue una sorpresa. Pero los plumillas que poblaban la sala parecían más una peña de ‘frikis’ medio analfabetos que supuestos periodistas especializados en economía. Ninguno a la hora de dirigirse al entrevistado se presentó ni por su nombre ni por el medio que representaban. Tomaban al ministro como a un coleguilla, haciendo una obscena muestra de complicidad. La fémina que comenzó su intervención con un “hola ministro…” parecía que se había encontrado a Luis de Guindos en la discoteca y le saludaba como si fuera un amigote.
Viendo el espectáculo, de vergüenza ajena, se comprobaba cómo ha descendido el nivel de la educación, las buenas maneras y… la calidad de las preguntas. Hubo algunos cuya pregunta pretendió ser una lección del política económica, y seguramente lo más cerca que han tenido un balance ha sido en sueños. No digamos ya, saber leerlo.
Pero si este bajísimo nivel se daba entre la fauna de periodistas locales, no les quedaban a la zaga algunos extranjeros, como el que –me pareció entender de la CNN– soltó su parrafada en inglés y al que Luis de Guindos, con una paciencia franciscana, le tuvo que explicar que se dirigía a un público español. Si a un periodista español se le ocurre en el Foering Office hacer preguntas al canciller británico en la lengua de Cervantes es echado de la sala sin contemplaciones.
Cuando nos preguntamos el por qué de la caída de los medios españoles en el mercado, los editores deberían fijarse en estas cosas. Unos medios en manos de becarios sin conocimientos y sin oficio no pueden hacer productos periodísticos que le interesen al público. Un jaleamiento continuo de la moderna plaza del pueblo, las llamadas redes sociales, en las que cualquier piernas juega a ser periodista, hace el resto. La incultura por avalancha de ruido informativo. Muchos sonidos desordenados nunca serán música.