economía

LUNES, 14 DE MAYO DE 2012

¿Dónde están?


Reconozco que a veces hay noticias que me dejan perplejo y salgo a la calle para ver si percibo la realidad bien o, por el contrario, vivo en una burbuja que no me permite saber lo que ocurre en realidad.
Financial Times, la biblia salmón, se descuelga con una nota en la que señala que entre las cinco principales escuelas de negocios del mundo para la formación de directivos se encuentran dos españolas, además de otras dos que ocupan el 12 y 29, respectivamente, de este ranking mundial.

Según la citada información, el prestigio a nivel mundial de las escuelas de directivos españolas alcanza la cima, por cuanto ningún otro país tiene dos escuelas entre las primeras.

A la vista de la noticia uno se pregunta cómo es posible que preparemos a los mejores directivos de occidente al tiempo que hemos alcanzado los seis millones de parados y tenemos miles de empresas cerrando sus puertas, además de por qué baja la actividad industrial de forma tan escalofriante y se ralentizan las exportaciones, y cómo es posible que nuestro sector financiero este hecho unos zorros con tanto cerebrín de primera clase.

Es sin duda una contradicción que resulta difícil de digerir y, reflexionando sobre ella, sólo cabe volver la mirada hacia la clase política que es la mano invisible que mueve nuestra economía gracias a su poder omnímodo. La administración maneja más del 52% de nuestra economía e influye en su totalidad. Las leyes y normas que dictan las diferentes administraciones no tienen parangón con ningún país occidental. En España todos los días aparecen miles y miles de folios de normativas, reglamentos, leyes y demás interventores de la libertad, que son sin duda los causantes de la grave crisis económica que padecemos.

A todo esto hay que sumar los intereses de los partidos políticos, los intereses de las mafias sindicales y la inoperancia de las organizaciones patronales, y ya tenemos el cóctel completo.

Difícilmente uno de esos cerebrines que forman nuestras escuelas de negocios puede hacer bien su trabajo cuando las reglas del juego se cambian arbitrariamente en medio del partido. Habría por tanto que crear escuelas para formar a nuestros directivos en el exquisito lance del toreo de políticos, sindicalistas y funcionarios patronales. Darles una completa formación en trucos y habilidades para tenerlos despistados y a lo mejor salvamos las cosas de comer, y dejan de tocarnos las narices.


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