La explicación amable es que los activos inmobiliarios se han ido deteriorando agigantadamente según se prolongaba la crisis. Lo que un día se podía tasar en X, un mes después valía X-Y, con la consecuente pérdida de valor de los activos. Pero esa es tan sólo una visión condescendiente con la banca. Hay otra realidad: se han calificado incorrectamente toda una serie de créditos que quedaban en el limbo del sistema, un punto en el que se puede ‘engañar’ al Banco de España.
Hay una serie de préstamos de obligado y objetivo provisionamiento en los balances, aquellos con un impago de 90 días. Pero hay otros más con los que se puede jugar en las cuentas, cuya calificación es más subjetiva, como los subestándar o dudosos. “Se puede decidir en esos casos que un determinado crédito se derive de una categoría a otra, aunque se sepa a ciencia cierta que eso puede producir problemas el día de mañana. Y ahí puede que algunas entidades hayan empleado los criterios con relax”, apunta Juan Fernando Robles, profesor de Banca y Finanzas del Centro de Estudios Financieros: “¿Por qué ha obligado el Gobierno a provisionar el 30% de los créditos buenos? Porque es consciente de que eso puede haberse dado, de que no se han cubierto correctamente ciertas operaciones, e impone hacerlo ahora de alguna manera”. De haberlo hecho antes, las entidades habrían tenido, entre otras cosas, que reducir los beneficios.
Estas afirmaciones, que algunos analistas y banqueros podrían considerar frívolas, se ven avaladas por una información que recogía este jueves ‘El Economista’: El Banco de Valencia incrementó en 2.000 millones en un año sus créditos inmobiliarios. Simplemente lo que había ocurrido es que los tenía clasificados en una categoría distinta y los reclasificó tras unirse a Bankia. Razón por la que la antigua Caja Madrid desconocía que sus préstamos dudosos aumentarían en 1.300 millones.
“Nuestro sistema”, señala Tomás Eguren, profesor de Finanzas Internacionales de la escuela de negocios EADA, “a diferencia del estadounidense, no es muy transparente. Cuando a mí me llega un informe de JP Morgan, por ejemplo, me viene un documento de 200 páginas. Se detalla todo y se explica qué se ha hecho y cómo se ha hecho. Eso es un altísimo nivel de transparencia que no se da en España”.
Sin embargo, hay quien sí tenía acceso a las cuentas. Quien, por su manera de trabajar, desplazaba un equipo a las sedes de las antiguas cajas para conocer sus datos: las auditoras, las que avalaron los antiguos balances. “Es posible que se les estuvieran ocultando datos”, explica Eguren, quien antes de ser profesor ha trabajado en la banca: “Puede que no hubiera forma de saber qué hacia el banco. Los banqueros, cuando queremos, podemos adecuar las cifras a lo que nos interesa”. Lo cierto es que a las auditoras no les compete verificar todos los créditos. Actúan por muestreo, pueden fijarse en los grandes… pero nunca objetaron nada a las cuentas. Hasta ahora. ARNdigital ha contactado con diversas auditoras para que expresaran su opinión. No ha habido respuesta. Ni de Deloitte, cuyo rechazo a firmar las cuentas de Bankia ayudó a que se interviniera la entidad al detectar un desfase en cartera de 3.000 millones por la valoración de las acciones de la matriz.
“Yo aplaudo a Deloitte –señala Miguel Ángel Bernal– pero me gustaría que me explicara qué ha pasado para que hace ocho meses apoyaran a Bankia y ahora no. Tengo la sensación de que en un momento había un criterio más laxo y ahora, vista como va la situación, se ha endurecido”. Los criterios de las dos auditoras contratadas para analizar la banca también serán más exigentes: valorar la diferencia entre los activos inmobiliarios y su valor de mercado hoy y en una situación aún peor. “El problema a la hora de realizar ese cálculo es que ahora mismo no hay mercado para los activos inmobiliarios, así que, ¿a qué precio se tasa?”, se pregunta Bernal: “Además, habrá que analizar otros préstamos y no sólo los concedidos a las promotoras, si no también a otros sectores con problemas a los que se ha financiado para que pudieran continuar con su actividad”, incide.
Y el Banco de España, como en el anuncio, ¿qué opina de todo esto?: ¿qué piensa de que se le haya aparcado de la revisión del sistema?, ¿cómo se siente cuando se considera que no estuvo vigilante?, ¿qué cree de aquellos que le acusan de conocer la situación y obviarla?, ¿cómo se defiende de los que le denuncian por haber querido endosar cajas ‘tóxicas’ a entidades sanas sin advertirles de ello?, ¿cómo ve que su prestigio internacional se hunda? Al igual que las auditoras, no responde.