El ministro de Economía, Luis de Guindos, atribuyó la elevada prima de riesgo española, en algunos momentos del miércoles en 540 puntos, a las dudas de los mercados sobre Grecia. Erró en el diagnóstico. Se debía, principalmente, a la falta de concreción sobre cómo se financiará el rescate de Bankia y el de las demás entidades españolas que lo necesiten. Todo porque el Financial Times, el diario económico de referencia mundial, aseguraba que el Banco Central Europeo (BCE) rechazaba la opción planteada por el Gobierno español: pagarlo con bonos soberanos que luego cambiaría la caja por dinero en el BCE. Desde que se publicó esa noticia, la prima pasó del cierre en 506 del martes a los 520 nada más abrirse los mercados.
El Gobierno aseguró que no se había planteado ni esa ni ninguna otra posibilidad al BCE, lo hizo el ministro en el Congreso. El BCE también negó haber recibido ninguna propuesta de cómo inyectarle 20.000 millones de euros a Bankia, y así lo difundió en un comunicado de prensa. Antes había enviado a algunos medios de comunicación un ‘borrador’ de dicho comunicado en el que se incluía una frase que no aparecía en el ‘oficial’: "Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que los fondos necesarios para recapitalizar los bancos no pueden ser realizados por el eurosistema". O sea, que independientemente de que la información del Financial Times fuera o cierta o no, ni se planteaba participar en el rescate de “un banco español importante”, como define eufemísticamente en el texto de la nota a Bankia.
Así que ante tanta duda, la prima de riesgo y la rentabilidad con respecto al bono alemán seguían subiendo. Lo mismo que el lunes, cuando en su comparecencia “sorpresa” ante los medios en la sede del Partido Popular, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, fue incapaz de aclarar cómo se pagarían las provisiones necesarias para Bankia.
Había alcanzado los 526 puntos con respecto al bono alemán, cuando el ministro De Guindos aclaró, por fin, como se financiaría: “El mecanismo que se utilizará es el habitual que se ha empleado ya con las inyecciones del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) anteriores: emisiones del FROB que se hacen en los mercados de capitales y que, posteriormente, a medida que se requiere, se va inyectando”. O sea, más deuda y más intereses para el Estado en un momento en el que tienen que reducir ambos. Más de lo segundo que de lo primero: España está en unos niveles moderados en comparación con el resto de Europa, pero los intereses de la deuda supondrán más incremento del déficit, lo que habrá que compensar reduciendo otras partidas. La prima llegaba en torno al mediodía a los 535 puntos.
Sobre las 14 horas, el presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso, explicaba el análisis realizado por Bruselas sobre la política económica del Gobierno. Prácticamente lo suspendía todo: la subida de impuestos directos por provocar decrecimiento, la ausencia de un incremento en los indirectos porque excluye una importante fuente de ingresos y España tiene margen para aumentarlos, la reforma de las pensiones heredada de José Luis Rodríguez Zapatero por no acelerar su implantación, la reforma laboral por “poco ambiciosa”, la liberalización económica por escasa… pero al menos se admitía la necesidad de ampliar el plazo para reducir el déficit en un año más, en 2014 debería ser de un 3%, si se presentaban más ajustes creíbles; planteaban la necesidad de los eurobonos para solventar los problemas de la deuda de España, que rechaza tajantemente Alemania, o sea, su canciller Ángela Merkel; y apuntaban al Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) como posible solución para recapitalizar Bankia: Barroso pedía que sean los bancos quienes solicitaran préstamos a ese fondo y no a través de los estados. Algo que, de momento, no se puede, como recordaba el vicepresidente de la Comisión, el finlandés Olli Rehn.
El MEDE entra en vigor el 1 de julio, lo dirige una española y dispone de 700.000 millones de euros. En su artículo 15 señala que puede ser empleado para sanear entidades financieras de un país. Pero debe solicitarlo el Estado. Eso, en la práctica, es una intervención, ya que se le presta, pero a cambio se le examina concienzudamente y se le imponen ajustes, no se le recomiendan, y, además, computa como deuda. De ahí que Mariano Rajoy rechazará en el pasado servirse de él para sanear la banca. De ahí que François Hollande insista en abrir el tratado que le da forma legal para poder salvar bancos sin manchar a los Estados… pero Alemania se opone. Y con ella otros países triple A, como Finlandia. Un asesor del ministro de Finanzas finés y el portavoz del área alemán ya han aparecido en la prensa para recordar que no han cambiado de idea. Y en el caso de que lo hicieran, supondría reformar el tratado, que ya han votado los países, que tendrían que volver a ratificarlo. O sea, que se necesitaría un tiempo del que España carece.
Así que el efecto de la comprensión europea con España, pese a las reprimendas, se fue esfumando durante la tarde. De rebajarse a 514 puntos, la prima de riesgo se colocó sobre las 17 horas en 540,48 puntos, el máximo anual, el más alto desde 1995. Y ya se mantuvo en torno a esa cifra hasta su cierre: 538,77. O lo que es lo mismo: España paga un interés del 6,67% por su deuda. En los momentos previos a sus respectivos rescates, Grecia, Portugal e Irlanda abonaban, aproximadamente, dos puntos más.
La Bolsa no ha sido ajena a ninguno de estos vaivenes, como tampoco a la declaración del gobernador del Banco de España en el Senado, donde reconoció que le gustaría explicar su gestión, su actuación con Bankia y el resto del sistema financiero, pero que sería prudente. Así, entre unas cosas y otras, el Ibex bajó un 2,58% y cerró en 6.009,4 puntos, se situó al mismo nivel que en abril de hace nueve años.