Los tiempos de crisis son duros, hasta para los que están acostumbrados a comerse el mundo. Desde 2010 varios de los empresarios españoles más mediáticos –y también más polémicos– de las últimas décadas han visto sus imperios reducidos a la nada, y a ellos mismos defenestrados por aquellos a los que proporcionaron dividendos millonarios en tiempos de bonanza. El último ejemplo lo constituye José María Ruiz-Mateos, quien vuelve a visitar los calabozos después de llevar a sus empresas a una supuesta quiebra fraudulenta por segunda vez en 30 años. Según los expertos, la crisis ha puesto fin al paradigma empresarial del ‘pelotazo’, que marcó toda una época, y que buscaba únicamente obtener dinero fácil, aunque eso conllevase incluso quebrantar la ley.
“La ambición ha sido una de las ideas que más arraigo ha tenido en nuestra sociedad hasta que estalló la crisis”, subraya Eduardo Sicilia, director del Executive MBA de la Escuela de Negocios EOI. Una ambición que, a su vez, ha guiado desde el primer momento a una serie de gestores empresariales, muchos de ellos relacionados con el sector de la construcción, que no habrían tenido en cuenta en lo más mínimo el impacto de sus actuaciones.
A juicio del experto en liderazgo y miembro de la red de LID Conferenciantes, Juan Mateo, muchos de estos personajes ni siquiera podrían calificarse de empresarios, sino que serían más bien “financieros a los que no les importaba hacer que miles de personas perdiesen sus ahorros con tal de obtener el capital necesario para sus fines”. Por lo tanto, toda la actividad de esas empresas estaría, al fin y al cabo, condicionada por lo que el profesor de la escuela de negocios EADA Jeroen Van Zoggel describe como “caprichos cortoplacistas” de un grupo reducido de personas.
“Vendedores de humo”
Según Mateo, en ningún modo podría calificarse de líderes o de empresarios a figuras como Ruiz-Mateos o el difunto Jesús Gil, quienes en su opinión –y a diferencia de verdaderos hombres de negocio como Florentino Pérez o Luis del Rivero– no serían más que “vendedores de humo que no eran malos gestores y que tuvieron la suerte de gozar de cierto éxito cuando la situación económica era favorable”. Así, son varios los especialistas que coinciden en señalar que, efectivamente, jamás hubo un auténtico planteamiento empresarial detrás de conglomerados tan heterogéneos como Nueva Rumasa.
El conocido como ‘holding de la abeja’ abarcaba todo tipo de firmas, desde las empresas alimentarias Dhul o Garvey a la cadena de hoteles de Hotasa. Para algunos expertos “nunca hubo una auténtica idea de negocio detrás de estas sociedades, que únicamente servían de vehículo para la megalomanía de sus propietarios”. Como apunta Van Zoggel, este “orgullo descontrolado” terminaría por ser fatal para dichas empresas.
La legitimidad de las emociones
Un rasgo común entre algunos de los protagonistas de la era del ‘pelotazo’ es que no dudaban en describirse como “hombres hechos a sí mismos”. Muchos de ellos empezaron desde lo más bajo: Francisco Hernando, más conocido como ‘el Pocero’, afirma que había tenido que lavarse en barreños hasta que a los 29 años pudo disfrutar de su primera ducha. La vida laboral de Jesús Gil comenzó en una tienda de repuestos de automóviles. Y Gerardo Díaz Ferrán, quien llegaría a presidir la CEOE, comenzó a trabajar cobrando billetes en los autobuses de la empresa familiar.
La familia ha sido, precisamente, uno de los grandes pilares sobre los que construyeron sus imperios, y también uno de sus puntos flacos, ya que los sucesores no han podido, o no han sabido, tomar el relevo. A diferencia de lo sucedido en firmas como El Corte Inglés, en el que Isidoro Álvarez ha llevado discretamente las riendas desde el fallecimiento de Ramón Areces en 1989, los seis hijos varones de Ruiz-Mateos no han podido evitar la venta de Nueva Rumasa, al igual que el hijo de Luis del Rivero no pudo impedir que el consejo de administración de Sacyr destituyese a su padre.
Y es que este tipo de liderazgo autoritario, en el que todo depende de una sola persona, no suele sobrevivir al final de ésta al frente de la empresa. Aunque el ego de estos líderes no se limita a los negocios, puesto que lo que buscarían ansiosamente sería la aclamación por parte de las masas.
Esto es lo que Mateo denomina “la legitimidad de las emociones”, dado que en numerosas ocasiones su legitimidad legal ha quedado en entredicho tras varias estancias en prisión. Así, Gil, Ruiz-Mateos o Mario Conde han intentado saltar a la escena política en varias ocasiones, aunque con un éxito relativamente escaso. En lo que casi todos sí han triunfado es en el mundo del fútbol. No obstante, los analistas indican que para algunos auténticos empresarios, como Florentino Pérez, su ansia de poder para convertirse en ‘el ser superior’ del Real Madrid ha supuesto un cierto descuido de sus negocios en ACS, lo que a la larga ha resultado perjudicial.
Financiarse a expensas de la legalidad
La especulación, la financiación irregular y las grandes adquisiciones de empresas caracterizaron desde un primer momento la vida de las compañías sustentadas sobre el modelo de negocio del ‘pelotazo’. Una vez más, Ruiz-Mateos y su familia se llevarían la palma, con decenas de millones en paraísos fiscales, y al haber articulado lo que muchos describen como “un sistema piramidal de captación de fondos de sus propios inversores” a través de sus famosos pagarés.
Pero el empresario jerezano no es el único. El Tribunal de Cuentas ha ordenado recientemente el embargo de unos 106 millones de euros en acciones a los hijos de Jesús Gil, a causa de un supuesto desvío de fondos del Ayuntamiento de Marbella –que su padre presidió entre 1991 y 2002– a varias de sus empresas. En cuanto a Díaz Ferrán, a sus numerosas causas judiciales por la quiebra de Viajes Marsans ha sumado hace algunas semanas una investigación por un supuesto desvío de fondos a Suiza.
Los reyes del ladrillo (y de las deudas)
Díaz Ferrán ha sido también uno de los más firmes partidarios de las grandes adquisiciones empresariales. El punto cumbre de su expansión lo alcanzó con Aircomet, que quebró en 2009 dejando a 650 empleados en la calle y a 7.000 pasajeros sin poder volar. Sin embargo, las operaciones más estelares se han vivido en el sector de la construcción, en el que no han escaseado los casos de corrupción urbanística y, desde que se produjo el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, quiebras como la de Martinsa-Fadesa.
La especulación, las opas agresivas sobre otras compañías y el anhelo por conseguir contratos faraónicos han sido la tónica general en algunos de los principales grupos de infraestructuras españoles. El precio a pagar: unos niveles de endeudamiento que muchos consideran insoportables. Así, Sacyr consiguió las obras de la ampliación del Canal de Panamá, pero las deudas provocadas por la “ambición desmedida” de Del Rivero llevaron finalmente a su destitución. Y en ACS, las intentonas de Pérez por controlar Iberdrola y la constructora Hochtief han elevado su deuda corporativa por encima de los 10.000 millones de euros. Estas operaciones habrían supuesto, de acuerdo con los expertos, un ejemplo claro de “pérdida de contacto con la realidad”.
Aprender la lección
“El modelo del ‘pelotazo’ ha pasado a la historia, pero ha dejado muchas víctimas detrás de sí”, asegura Eduardo Sicilia, director del Executive MBA de la Escuela de Negocios EOI. En su opinión, lo importante es que las nuevas generaciones de dirigentes tengan muy presente esta lección, y no vuelvan a cometer errores similares. Los especialistas en liderazgo destacan que tienen grandes referentes en el panorama empresarial español, y entre los que resonarían nombres como el de Amancio Ortega o Villar Mir. La clave pasaría, además, por hacer que las compañías abandonen de una vez por todas el ideario del ‘dinero fácil’ y adopten nuevos valores entre los que la ética y la transparencia tendrían un papel fundamental. Pero, según Sicilia, “todavía queda mucho por hacer”.