El ‘exprés’ se presta a muchos juegos de palabras. A más de un sindicalista, con la reforma laboral, se le ha cortado la leche del café exprés. La patronal, en cambio, lo celebra con descafeinado. Esta vez no pierden los nervios. Los dos máximos dirigentes de la CEOE, Juan Rosell y Arturo Fernández, califican con notable alto, casi sobresaliente, la citada reforma. Ambos han concedido a la nueva norma un 4,5 en una escala de 5. Hay muchas reflexiones que hacer:
- La reforma avanza con decisión en la flexibilidad de las empresas, en la reducción del coste del despido y en las ayudas a las Pymes para la contratación, en especial de jóvenes y parados de larga duración. También introduce, por fin, a las agencias de colocación en el sistema laboral. El Servicio Público apenas consigue trabajo para el 3% de los parados.
- Con el AVE los ‘expreso’ fueron desapareciendo de la medianoche. Ahora, con la reforma laboral, han encontrado vía libre para reaparecer. Los Expedientes de Regulación de Empleo no necesitarán de autorización administrativa previa. En Europa, esta autorización previa sólo existía en España y Grecia, los dos países de la Eurozona con mayor tasa de desempleo. Se podrá acudir al juez si no hay acuerdo, pero la idea de los ERE es adaptarse a la situación económica y por eso, según el Gobierno, se necesita agilidad.
- El concepto de adaptabilidad está presente en toda la reforma. Podrán modificarse no sólo aspectos funcionales o que tengan que ver con la jornada laboral, también cuestiones relacionadas con la remuneración. En cambio, la prórroga automática de los convenios se mantendrá durante dos años. Mucho tiempo, en 24 meses pueden pasar demasiadas cosas.
- Con esta reforma laboral desaparece el despido exprés, el que utilizaban los empresarios para ajustar a toda velocidad sus plantillas. Era el “toma los 45 días y mañana no vuelvas”. En 48 horas, como máximo, se acotaba el despido. Era rápido como un misil y tan caro como él. Su poder de destrucción en el tejido laboral ha sido tan dañino como un ‘tomahawk’. El pasado año, en España, se registraron algo más de 700.000 despidos. De ellos, 470.000 fueron exprés. Adiós a los 45 días, a partir de ahora 33 y si el juez da la razón a la empresa sólo 20 (por despido procedente). Por cierto, ¿no había que reducir los litigios? Pues no va a ser así, todos los despidos terminarán en el juzgado. Gracias que los notarios quitarán, en bodas y divorcios, carga de trabajo a los magistrados, dicho con toda ironía.
- El término exprés delata que algo se hace o sucede muy deprisa. Es lo que transmite esta reforma laboral. Las prisas no son siempre buenas compañeras. Por ejemplo, ¿no hubiera sido mejor una rebaja general de las cotizaciones sociales en vez de seguir con las bonificaciones a colectivos concretos? El camino de las bonificaciones se lleva utilizando desde tiempo inmemorial y cuando se acaba la bonificación suele acabar el empleo. La rebaja general de cotizaciones impulsaría una mayor competitividad al afectar a toda la estructura laboral. Además, el nuevo contrato indefinido para jóvenes, con un año de prueba, no deja de ser un contrato temporal camuflado. Al año se acabó la prueba y se acabó el contrato.
- Durante años se lleva solicitando por las más diversas autoridades, analistas e instituciones internacionales una simplificación de los modelos de contratación del mercado laboral español. Muchos expertos han reclamado con ardor el contrato único, incluso el ministro de Economía, Luis de Guindos, abogó por él en alguna que otra entrevista. No hay avances en este sentido, si antes teníamos 40 tipos de contratos distintos, ahora contamos con 41.
- Las prisas también llevan al olvido. No se ha modificado ni un ápice el sistema perverso de las prejubilaciones. No sólo desperdiciamos a los jóvenes, a la generación con más estudios, títulos, másters y cursos de especialización de la historia de España. Es que desperdiciamos también a los veteranos, a la generación con más y mejor experiencia laboral de toda nuestra existencia.
- La reforma laboral es un esfuerzo de aproximación a la legislación laboral europea. Lo que está por ver es que nuestra tasa de paro, en un tiempo razonable, comience a acercarse también a la realidad europea. El camino no es fácil. Empleo para cinco millones de personas no se consigue en cuatro días, ni siquiera en cuatro años. Las reformas anteriores fracasaron. El Gobierno ha decidido que no hay tiempo que perder, no hay margen y ha apretado el acelerador. En mes y medio tres reformas profundas: la presupuestaria, la financiera y la laboral. Mañana es tarde. Deprisa, deprisa.