En política y en economía lo peor que le puede pasar a uno es ser considerado como irrelevante, poco útil para el proceso social. Vamos, que lo peor es ser considerado un inútil. Y este es el temor que aterra a los denominados sindicatos de clase.
El mundo ha cambiado, y sigue cambiando mucho, en esta interminable crisis. Ocurren cosas heterodoxas, imprevistas e impensables hace escasamente cinco años, como, por ejemplo, la nueva pérdida de influencia de Europa en el concierto internacional. Ocurren cosas tan inexplicables, que sólo se veía en otros continentes, como que, por primera vez en muchas décadas, un país europeo quiebre, como es el caso de Grecia. Tanta pamplina de rescate lo único que hace es ocultar eso: el impago.
En España se ve lo nunca visto: que los jóvenes tienen más ganas de irse que de quedarse. Y esta vez no se van los labradores de la España de la pertinaz sequía de Franco. Ahora, los que se van son los universitarios hartos de la sequía del empleo. Casi tres de cada diez españoles estarían dispuestos a emigrar.
En España ya hay más de cinco millones de parados y, según Economía, se sumarán otros 630 mil en este año. La crisis comenzó en 2007 y desde entonces se han ejecutado 300 mil hipotecas por impago.
Ahora, cuando el actual Gobierno todavía no ha cumplido ni 80 días en el poder, los sindicatos de clase, UGT y CC.OO., convocan una huelga general a todo correr contra la reforma laboral, después de haberla aprobado el Parlamento por casi 200 votos. La convocatoria de huelga llega tan deprisa que apenas cuentan con dos semanas para prepararla. Las dos mismas semanas que va a durar la campaña electoral de los comicios andaluces.
Los sindicalistas más viejos del lugar no entienden una huelga general contra un Gobierno a sólo tres meses de llegar a La Moncloa. Será algo así como sacrificar a los sindicatos para salvar a Griñán y al PSOE andaluz, malgastando la principal bala sindical en lo que puede terminar como un tiro en el propio pie. Pero también es cierto que los sindicatos marchan renqueando desde que Zapatero cambio radicalmente su política. Se quedaron a la pata coja. Según aumentaba el paro disminuía su influencia y entraban en el peligroso sendero de la irrelevancia.
Mientras UGT y CC.OO. velan armas, en Ferraz y otros lugares hacen la cuenta: si los socialistas pierden Andalucía y el País Vasco en las próximas elecciones, el mayor poder que le va a quedar al PSOE, a este paso, es la ciudad de Zaragoza, la diputación provincial de Sevilla y, por supuesto, una parte del movimiento sindical. Con lo cual, la huelga general puede ser inútil para las centrales, pero increíblemente más inútil para el país al generar, en ese día, algo más de 7.000 millones de euros de pérdidas y nuevos daños a la imagen y reputación internacional de España.