Opinión

Con esto queremos competir

Miguel Ángel Jiménez - MARTES, 1 DE MAYO DE 2012

Tengo un amigo alemán que no sale de su asombro desde que se enteró de que en nuestro país se puede pasar de un curso académico a otro sin haber aprobado todas las asignaturas del anterior y que, incluso, se puede acceder a la Universidad sin tener superadas las pruebas del bachillerato.

Mi amigo, al que llamaremos ‘cabeza cuadrada’, fue deportista profesional en su juventud y realizó sus estudios con brillantes notas, alcanzando un importante puesto directivo en una de las mejores empresas electrónicas germanas. Sorpendido, nos dice al grupo de españoles que hacemos de anfitriones cuando nos visita, que con la preparación de los españoles no se puede competir en el mundo actual. Su cuadrada cabeza emite opiniones razonables y sensatas y tiene en cada frase que pronuncia más razón que un santo.

El hijo de una familia canaria contrató hace tiempo a un joven para que les hiciera el mantenimiento de la piscina. El contratado se presentó como experto en el oficio de tener el agua limpia y bien cuidada y fue advertido de que había que “mover el agua al menos dos horas al día para evitar que se transformara, el preciado líquido, en un jarabe verde”. El joven aseguró que no había problema, que él era un experto en el mantenimiento de piscinas. Al cabo de los días el agua de la piscina era de un color verde ciénaga, y se le recordó que no había movido el agua las dos horas diarias. El experto, manifestó que sí lo hacía todos los días y que no comprendía lo que había pasado.

Preguntado por cómo lo hacía, ni corto ni perezoso cogió el palo de una escoba y chapoteó con él en el agua, para mostrar como diariamente lo hacía durante dos horas: no ponía en marcha el motor del filtro y se limitaba a agitar el agua con aquel palo. Todo un profesional.

He vivido, en vivo habitualmente, cómo una supuesta camarera me confensaba, en una zona turística, que no sabía lo que era una ensalada de tomate, por no hablar de comandas algo más sofisticadas de las que ante su solo enunciado muchos supuestos profesionales de la hostelería ponen las orejas hacia atrás como los conejos y buscan al viejo del lugar en solicitud de ayuda.

Recientemente un amigo se quejaba de los precios de Venecia como destino turístico. La ciudad más bella del mundo sin duda es muy cara, pero en un restaurante de nivel medio, en un hotel o en una cafetería no encontrará empleados –cara al público– que no sean profesionales de primer nivel. Cualquiera de ellos supera con mucho a los españoles que se supone viven principalemente del turismo.

Hacer esta comparativa es demoledor. La preparación de cualquier trabajador español en cualquier actividad profesional frente a los de la Europa avanzada es deprimente. No hay formación en el oficio que se ejerce, se desconoce los rudimentos básicos de los mismos y nos quejamos continuamente de lo mal pagados que estamos. Nadie se pregunta si se merece lo que cobra. Se nos llena la boca con los derechos, pero nunca se habla de las obligaciones. El corolario es que hay cosas que tienen que ser obligatoriamente gratis, pero nadie pregunta quién las paga al final.

La sociailización de la ignorancia ha sido una labor concienzudamente realizada, los padres culpamos a los profesores del animalismo de nuestros hijos que, en realidad, se limitan a reflejar lo que viven en el hogar.

Por eso pretender competir con estos mimbres y salir de la crisis es algo casi imposible una vez que nos han quitado el ladrillo como actividad productiva.


PS/. Texto que circula por la Red y del cual no puedo garantizar su fiabilidad. Pero es indicativo de lo que está pasando:

El Centro de Investigación Príncipe Felipe (Valencia) ha despedido a 108 trabajadores de los 258 empleados con los que contaba, y 79 son científicos, los que se quedan, tienen una reducción de salario.

Se han cerrado 14 líneas de investigación, algunas eran sobre cáncer, parkinson o alzheimer.

Pero han gastado 3 millones de euros organizando un campeonato de golf de un fin de semana en Castellón. 15 millones en unas torres de Calatrava que al final no se van a construir.

Han comprado “por un precio simbólico” la empresa Vamor Sports, encargada de la organización de la Fórmula 1, pero se hace cargo de 30 millones de euros de deuda.


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