Opinión

El Submarino Amarillo

Alfonso Carlón - MIÉRCOLES, 9 DE NOVIEMBRE DE 2011

¿Qué quiere China de España?

Ya tiene influencia económica. Busca aliados fiables para la mediación política en Europa e Iberoamérica.

Mientras escribo estas líneas para ARN Digital desde mi oficina en Cantón, observo unas fotografías de la primera visita a la República Popular de China de unos jovencísimos Reyes de España paseando por la estación de ferrocarril de Pekín y por la Gran Muralla. Hay otra muy curiosa de la Reina Sofía y Deng Xiaoping (en China le llamaban el Gran Pequeño) sonriente y sorprendido en la primera cena ofrecida por los Reyes en la Embajada de España en Pekín. La fotografía es extraña porque encima de la mesa de la Embajada hay velas desordenadas, seguramente por algún apagón de luz repentino. Conservo otra fotografía de prensa de Felipe González escuchando las explicaciones, quizá un chiste, de Deng Xiaoping en Palacio del Pueblo en Pekín. A sus pies se puede ver la escupidera. Era finales de los años setenta principios de los ochenta. España entraba en la modernidad y China también. Dos países asimétricos pero con andaduras históricas y procesos similares de apertura al exterior.

China necesitó del mundo desarrollado financiación, tecnología y conocimiento para desarrollar su industria. De la misma forma que España necesitó a Europa para desarrollarse. En la medida de sus posibilidades, España, fuertemente centralizada, ofreció a China créditos blandos y tecnología, pero sobre todo apoyo político, como quedó demostrado después de los incidentes de la Plaza de Tian’anmen en 1989. A cambio, China abría una puerta a la industria española para entrar en un mercado totalmente desconocido. A nivel político nunca se va a olvidar el gesto de no haber retirado la representación diplomática española de la legación en Pekín durante aquel amargo verano del 89. Un apoyo que nos están devolviendo económicamente ahora, desde mi modesto punto de vista.

Desde aquella época los chinos aprovecharon bien sus oportunidades, los españoles no tanto.

China se estaba preparando para ocupar su lugar en el mundo, tenía un plan bien trazado, y España no estuvo a la altura del gran cambio del gigante asiático. Comparar la actual presencia empresarial de otros países de nuestro entorno en China y la de España puede clarificar el desfase: Francia es el segundo socio comercial de China y tiene más de 850 empresas radicadas en el país que dan empleo a 250.000 trabajadores, al mismo tiempo que cerca de 10.000 empresas francesas operan en China. Alemanas operan 17.000, de ellas más de 8.000 están radicadas en suelo chino. Italia cuenta con 820. En contraste, españolas operan 600 empresas, en su gran mayoría pymes, y de ellas solo 240 mantienen producción en China. Aproximadamente el 70% , unas 420, han llegado a este país empujadas por la crisis económica europea iniciada en 2008, de ellas la mayoría son empresas de servicios y consultoras con una presencia inferior a los tres años en el mercado chino.

Por otra parte, el desequilibrio de la balanza comercial entre España y China asciende a 16.000 millones de euros y nuestra cuota de mercado respecto a otros competidores es de aproximadamente el 0,43%. Por lo tanto, está claro que no lo hemos hecho bien y ya es hora de cambiar esta situación. Se debe y se puede. China tiene una buena imagen política de España aunque los chinos conocen una España deportista y torera, tópicos que se deben y se pueden cambiar. Ahora todo esto hay que llevarlo al terreno práctico y económico con sentido común y pragmatismo. ¿De qué manera?

China está dispuesta a seguir comprado deuda española, por tanto no debemos caer en el pesimismo del abismo de la deuda. Está aumentando la compra de productos agrícolas españoles, sobre todo aceite y vino. Esto puede abrir grandes oportunidades de negocio tanto en China como en otros países donde el gigante asiático tiene un sistema de distribución muy competitivo, siempre y cuando se establezcan empresas con base en China y con socios chinos.

China está cambiando su modelo productivo dirigido a la exportación por un modelo de desarrollo del consumo interno. ¿Esto qué supone? Que está todo por hacer en este país: turismo, banca, desarrollo de áreas interiores rurales (de enormes extensiones), comunicaciones, redes de distribución, mejora en el diseño de sus productos, capacitación y enseñanza a todos los niveles, desarrollo sostenible, tecnologías de conservación en la construcción, tecnología y gestión medio ambientales, energías limpias, medicina, seguros, servicios, recursos hídricos, gestión cultural, etcétera.

Ahora la oportunidad de negocio es mayor que durante el proceso de expansión y crecimiento
industrial de las décadas de los ochenta y noventa y que durante la primera década del siglo XXI. China consumirá el vino español. Será el mayor mercado mundial de vino en menos de una década. Puede consumir aceite de oliva en grandes cantidades, siempre y cuando en España se deje de producir de una forma tan atomizada.

China necesita turismo sostenible y mejorar su naturaleza gravemente dañada. España puede ofrecer mucho conocimiento y gestión para esta nueva fase. China es un mercado mundial de arte, España está desaprovechando su capitalidad europea de la cultura con este país. A China le gusta el modelo de España, pero valora el esfuerzo y el trabajo, algo que España debe mejorar en cuanto a su proyección e imagen.

España y los españoles tienen que entender el reto y establecer lazos no solo gubernamentales eficaces, que también, sino personales. Los negocios en China los mueven los chinos. Promoviendo una educación y capacitación acorde a una cultura tan singular como la china. Si hemos de empezar una nueva etapa del desarrollo en el gigante chino hagámoslo con buenos proyectos y con seriedad, que es lo que nos falta. No extendamos la cultura de la pandereta hacia Asia. Si lo hemos podido hacer en Europa, también podemos hacerlo en China.

Desde el punto de vista político, China necesita la influencia española en zonas clave para sus intereses como son Iberoamérica y Europa. Ambiciona transferencias de tecnología europea de doble uso para su desarrollo armamentístico. España, además, ocupa una zona estratégica en el Mediterráneo en la que se están perfilando cambios importantes. En resumidas cuentas: China quiere tener influencia política (la económica ya la tiene), y España es un país puente entre continentes con relaciones internacionales no conflictivas. España debe utilizar con inteligencia y pragmatismo, dentro del marco europeo y fuera de él, estas bazas. Los diplomáticos y representantes comerciales de las distintas administraciones, del Estado y autonómicas, tienen que ser productivos, hay que medir sus resultados en el exterior. No se puede seguir despilfarrando recursos.

foto © luisvilla (flickr)



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