Opinión

A la rica subvención

Miguel Ángel Jiménez - MARTES, 8 DE MAYO DE 2012

Si este país tuviera verdaderas ganas de salir de la crisis económica, si nuestros gobernantes y políticos verdaderamente dedicaran su esfuerzo a resolver los problemas, podríamos resolver el tema de una forma bastante sencilla.

Algunos especialistas lo han apuntado, España dilapida más de 60.000 millones de euros al año en subvenciones. Gracias a este injusto despilfarro mantenemos una inmensidad de gente improductiva, aprovechada y parásita, que ha descubierto un ‘modus vivendi’ nauseabundo que nos chupa la sangre al resto de los ciudadanos.

Si el Gobierno tuviera el valor de suprimir de un plumazo las subvenciones podríamos hacer frente a nuestras deudas, y para el resto de los países adquiríamos una vitola de seriedad y respeto porque nos habríamos vuelto adultos.

60.000 millones de euros que permiten la existencia de inútiles ONG´s, observatorios de no se sabe qué mandangas, partidos políticos que son sociedades de socorro mutuo, sindicatos pesebreros, productoras de cine que nadie ve, conjuntos musicales a los que nadie compra un disco y así, docenas y docenas de supuestos mimbres del ‘entramado’ social, que viven como las sanguijuelas de chupar la sangre al esfuerzo de los que sí trabajan y aportan valor a la sociedad.

Me comentaba no hace mucho un joven licenciado en Derecho, que no había podido entrar a trabajar en un despacho porque era varón, y las abogadas que lo regentaban no lo fichaban porque tenían subvenciones por su carácter femenino. Una profesora de música me narraba que la ausencia de ‘bolos’ por la crisis en ayuntamientos y diputaciones había hecho que muchos grupos musicales más amplios se disolvieran para montar cuartetos, todas de mujeres porque tenían subvención.

La junta de Andalucía, que no tiene ni para pagar la luz que consume, dedica casi dos millones de euros a países africanos para no sé qué diablos de los problemas de género.

Y uno tras otro los ejemplos son interminables. Cientos de películas se han rodado gracias a las subvenciones y sus productores no tienen ningún interés por estrenarlas en una sala comercial, los mini PER están a la orden del día y se puede publicar auténtica basura literaria si se escribe en una lengua autonómica, corriendo con los gastos de edición el gobierno de turno.

La política de las subvenciones era un alienante maravilloso para la clase política, que por medio del mismo podía tener sujetos a los ciudadanos para que comieran de su mano, mientras la ubre del Estado diera para semejante tropelía.

Si las subvenciones desaparecieran por decreto ley, sabríamos cuántos militantes tendrían los partidos políticos, para qué sirven los sindicatos y cuáles son las ONG´s que de verdad tienen vocación de servicio. Cuando los simpatizantes fueran los que mantuvieran esos tinglados, se sabría la verdad de todos ellos.
Hay que acabar con la orgía de la subvención y que cada palo aguante su vela. Quitando USO y CGT en el mundo sindical, Cáritas y Cruz Roja entre las ONG´s y poco más, los que viven de ellas son un freno para salir de la crisis.

P.S. El maldito corrector del ordenador, cada vez que escribo ONG´s se empeña en cambiarlo por ‘Hongos’, quizá el aparato sabe que los parásitos se reproducen como las esporas de los hongos. Me he puesto a hablar con él, a ver que me dice.


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