Barato, barato. Esto es lo que se comienza a escuchar en la bolsa de Madrid. Se escucha cada vez de manera más insistente. El plan de saneamiento de Bankia, ese en el que solicita al Estado una inyección de otros 19.000 millones de euros, también valora a precios de mercado las participaciones de Bankia en otras sociedades. Todo un recorte.
Las participaciones de Bankia en otras compañías que cotizan en la bolsa no son cuatro perras mal contadas. Aunque puestos a contar, lo de Bankia, lo que se dice bien, no se han hecho las cuentas. Bankia y su matriz BFA son los máximos accionistas de IAG, el grupo en el que se integra Iberia, también tienen una fuerte presencia en Mapfre o Iberdrola. El Plan de Saneamiento elaborado por José Ignacio Goirigolzarri puede convertirse en un gran atractivo para los buscadores de gangas en la bolsa española.
Pero el barato, barato, también se escucha en los pasillos de los Ministerios de Hacienda y de Economía. El Gobierno necesita dinero fresco. Y rápido. Por eso ultima un plan de privatizaciones. No es que se vayan a vender las joyas de la abuela, no. Es que se van a vender las baratijas y la bisutería si se encuentra comprador para ellas. Primero las joyas como los aeropuertos o Loterías. Proyectos del anterior Gobierno socialista que se paralizaron por dos razones: por la oposición del PP al estar cerrados Congreso y Senado y, por lo tanto, no haber control parlamentario y porque el momento de los mercados no era el más adecuado para conseguir un buen precio en las privatizaciones. El PP se cerró en banda con la venta de Loterías, ahora, necesidad obliga, abrirá las puertas y le dará al bombo de la subasta.
En estos meses, el escenario de los mercados no ha mejorado, incluso ha empeorado, pero las necesidades de capital se incrementan. Ahí está el dinero que hay que inyectar para recapitalizar Bankia, ahí está el retraso de la subasta para vender Catalunya Caixa ante la falta de ofertas adecuadas. Ahí están las necesidades de recursos de las Comunidades Autónomas. Así que, en la búsqueda de dinero, se pondrá a la venta también Renfe y se dará entrada al capital privado en otras sociedades públicas. Y el que está obligado a vender difícilmente puede imponer el precio. El dicho popular lo aclara mejor: vender por necesidad, perder por obligación. Así que barato, barato.