Europa está abierta en canal hasta el punto de airear nuestras miserias en el G-20, para que el resto del planeta también opine lo que debemos hacer o no hacer en nuestra propia casa. Unos presionan a España y otros a Alemania. El caso es que Estados Unidos mete cuchara y China tenedor en las dificultades y recetas europeas.
Durante el principio de siglo XX Turquía fue el eterno enfermo de Europa. Ahora, un siglo más tarde, en estos inicios del siglo XXI, el enfermo del planeta es Europa. El Viejo Continente está para el ingreso en el geriátrico. Lo peor es que algunos creen que comienza a presentar síntomas de ‘demencia senil’ con su selectiva falta de memoria. Alemania siempre recuerda la época de la hiperinflación de la República de Weimar pero borra de su ‘disco duro’ las dos grandes operaciones financieras del pasado siglo en las que fue protagonista: el Armisticio de Versalles, con sus condiciones draconianas, y el Plan Marshall, tras la Segunda Guerra Mundial, que puso los cimientos de los más prósperos años de la sociedad europea.
Alemania debe elegir qué quiere para Europa. La cuestión es que Angela Merkel nota cada día una mayor contestación y no sólo de buena parte de los socios europeos. También aumentan los descontentos en el interior de la propia Alemania. Verdes y liberales presionan a Merkel para que modere su discurso y las condiciones a los países rescatados, como es el caso de Grecia. Porque si se mantienen las mismas exigencias de poco habrá servido la victoria de los partidos pro-euro griegos.
La postura inmovilista de Alemania ha provocado el nacimiento del Frente Latino. Roma, la capital que vio la génesis de la Unión Europea, es ahora el escenario, bajo la sombra del Coliseo, del Frente Latino. Francia, Italia y España han formado un grupo de intereses comunes para frenar a los teutones de más allá del Rhin. La Historia nunca se repite, pero efectúa curiosos meandros. En Roma se ponen las bases de lo que se aprobará en la Cumbre Europea de finales de mes y Berlín es consciente de que la incipiente Unión Latina puede que no tenga las cuentas tan saneadas como sus aliados nórdicos, pero es infinitamente más influyente que Austria, Holanda o Finlandia.