Sin duda el que suscribe debe de ser muy torpe. Incrédulo de mí, pensaba que el Gobierno de Mariano Rajoy se había lanzado en tromba para hacer los cambios estructurales que necesita nuestro país para salir del sumidero en el que nos encerró el impagable Rodríguez Zapatero.
Pues va a ser que no. Después de la euforia de la Eurocopa, el inquilino de la Moncloa se descolgó con unas declaraciones que me dejaron estupefacto: “Ahora hay que pisar el acelerador”. O sea, que estábamos frenados. Cuando pensaba que lo de las reformas era urgente.
Seguimos en la postración, porque después de tantos años criando esta democracia imperfecta, la sociedad española vive más cómodamente con las leyes que creó la estructura franquista. En el aspecto laboral, en el intervencionismo político de la actividad económica, en la enseñanza, en la sanidad, en la Seguridad Social, se rasca un poco y nos aparece el franquismo por todas partes.
Acaso no hay nada más franquista que las leyes laborales y los tribunales de lo social. Los sindicatos mayoritarios son dignos herederos de los sindicatos verticales, tan queridos por el León de Fuengirola, y, así, una tras otra, todas las norma que afectan a nuestra vida diaria.
Los jueces del Supremo se quejan de que les quiten el coche oficial, por la peregrina idea de que quita dignidad a su importante representatividad. ¿Por qué no van bajo palio? Así mostrarían su real dignidad.
Y así una tras otra. Pero no creo que Rajoy tenga el cuajo suficiente para acometer los cambios que de verdad modernicen este país. Acabar con las subvenciones a todo quisque sería un golpe de credibilidad. Reducir el número de cargos públicos. Eliminar los privilegios de la clase política, coches, tarjetas de crédito, billetes de avión o tren, móviles y ordenadores a cargo del contribuyente. Son medidas elementales que, junto a la obligatoriedad de hacer públicas las cuentas de partidos, sindicatos, ONGs y todos los organismos públicos, nos devolverían la fe en los gestores de la cosa pública.
Así que ahora hay que pisar el acelerador. Eso será subir los impuestos a los que no nos podemos escapar del ojo de Hacienda. Subir el IVA, los artículos básicos, porque hay que hacer sacrificios. Pero de lo suyo ni mu. Vamos, que casi nos matamos, pero no lo hemos hecho porque esta mal visto, y lo mismo Hacienda va a nuestra tumba para pasarnos algún impuesto por deceso impertinente.