Opinión

El fin de la escapada

Miguel Ángel Jiménez - VIERNES, 3 DE AGOSTO DE 2012

San Ignacio de Loyola aconsejaba evitar mudanzas en tiempos de zozobra. La Compañía de Jesús que él fundó sabe bastante de eso y la Mafia nacida en la cálida Italia, domina como nadie ese arte.

Sin embargo, en la profunda crisis económica que estamos sufriendo no verá como su regla aplicada, ni tampoco la de Lampedusa: cambiar todo para que nada cambie. Las crisis sirven, entre otras cosas, para eliminar a los menos eficaces del mercado y fortalecer a los supervivientes.

Por ello pienso que la economía fácil, la economía del amiguete que instauró Felipe González, que su escudero Carlos Solchaga propagó a los cuatro vientos cuando afirmó que España era el país donde se podía uno enriquecer más fácilmente, y que luego Rodríguez Zapatero elevó al paroxismo absoluto promocionando personajes casi desconocidos del mundo de los negocios, toca a su fin.

El ranking de ricachones que hace pocos años se llenó de nombres del ladrillo, vuelve a su cauce desaparecido estos y los apellidos de toda la vida recuperan su lugar con la incorporación de honrosas excepciones de brillantes empresarios, como Amancio Ortega.

Luis del Rivero, uno de los paradigmas de aquella cultura ya es un simpático jubilado apartado de los resortes del poder y el último que queda, Florentino Pérez, parece que tiene los días contados.

Pérez es el genuino representante de esta raza en la que la soberbia es su arma principal, lo que pone en evidencia su pobreza intelectual. Todavía se recuerda en la sede del Grupo Recoletos una invitación a almorzar a Florentino en la que el personaje, tras llegar una hora tarde y no pedir excusas, se dedicó en los pocos minutos que permaneció allí a insultar a los profesionales de Marca que osaban criticarle, pidió cabezas y se marchó sin más.

Este personaje que fue elevado a los cielos por Aznar cuando era presidente y también por Zapatero, supo bailarles el agua con habilidad para que su peloteo no fuera descarado. Algunos afirman que no es más que un guiñol que maneja Fernando Fernández Tapias –siempre a su espalda– que es el listo de verdad.

Estamos por tanto al final de la escapada. Los brillantes negocios basados en el crédito fácil y el apalancamiento de los balances tocan a su fin,  sólo quedarán los que de verdad conocen el negocio y no son profesionales de la ingeniería financiera.

El más listo de todo aquel grupo que formaban Rivero, Roures y Bañuelos entre otros, era sin duda Florentino Pérez. Hoy ACS contempla la crisis desde una deuda de más de 10.000 millones de euros, casi dos billones de las antiguas pesetas.

Pérez aprendió el mecanismo de la economía fácil tras su paso por el Ayuntamiento de Madrid. Se instruyó en el arte de las licencias sorpresa, los apoyos cómodos y los pelotazos ultrasónicos que enriquecían de la noche a la mañana. Mucho rico histórico se deslumbró ante él y algunos le siguieron como los niños del cuento seguían al flautista de Hamelin, convencidos de incrementar su riqueza.

Los March sin duda se estarán tirando de los pelos por haberle seguido porque sus administradores hace tiempo que encendieron las luces rojas para que los señoritos supieran lo que les iba a costar la broma.

La pignoración por el BBVA del paquete de control de su joya, la constructora alemana Hochtif, por las cuantiosas deudas que tiene con el banco es quizá el pistoletazo de salida que anuncia la marcha de Florentino Pérez del lugar social que ocupa.

Desde hace semanas, como diría el maestro Anson, la comidilla de todo Madrid es que Florentino Pérez anunciará su salida de la presidencia de ACS, después de convocar elecciones en el Real Madrid y enrocarse en la tribuna del club para estar a salvo de cualquier ‘vendetta’.

Como Florentino Pérez entendió rápidamente, dada su natural listeza, la presidencia del club de futbol madrileño es un salvoconducto para estar en la ‘pomada’. Pastorear su tribuna es la llave para estar en todas las salsas y todas las operaciones sin sudar por el esfuerzo.

Su defenestración de ACS puede suponer, entre otras cosas, que la gestión de Iberdrola pueda concentrarse al cien por cien en su negocio, sin tener que vigilar los devaneos de este aventurero del mundo empresarial.

Ya no veremos marranadas municipales como la última de la concesión de la licencia para remodelar el estadio Santiago Bernabeu, que en cualquier país civilizado hubiera llevado a la cárcel a los funcionarios del ayuntamiento con su alcaldesa a la cabeza, y a los directivos del Real Madrid.

Al menos la crisis económica habrá servido para limpiar algo las cañerías de nuestro sistema económico y que se pueda respirar mejor.

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