Opinión

Ciencia: el Big Bang presupuestario

Albert Concepción - JUEVES, 22 DE MARZO DE 2012

Por si no la han visto todavía o simplemente no han oído hablar de ella, les diré que desde hace unos años existe una serie de televisión llamada The Big Bang Theory. Se trata de una comedia de situación que explica las divertidas experiencias de cuatro jóvenes científicos americanos que comparten un extraordinario amor por la ciencia y por las películas de ficción. Los cuatro investigadores constituyen lo que los jóvenes de hoy calificarían como un grupo de ‘frikis’ cuyo indiscutible líder es Sheldon Lee Cooper, un excéntrico físico teórico cuya visión del mundo tiene la particularidad de no dejar a nadie indiferente.

La serie ha llegado a ser tan popular en los EE.UU. que sus productores han anunciado que el mismísimo Stephen Hawking aparecerá como invitado en el capítulo que se emitirá el próximo día 5 de abril. Así que, por esas curiosas circunstancias de nuestra existencia, mientras Hawking aparece en una serie norteamericana que combina magistralmente la ciencia y el humor, los científicos españoles estarán sufriendo en sus carnes una tremenda explosión presupuestaria que, a diferencia del Big Bang, no origina el universo, sino que reduce de manera drástica los presupuestos que el Estado va a destinar a ciencia.

Y es que, desafortunadamente, parece que de poco van a servir las reiteradas peticiones de los científicos para que la ciencia se considere realmente una cuestión de Estado cuya financiación permanezca al margen de los cambios políticos.

Tampoco parece que los políticos vayan a hacer mucho caso a la “Carta Abierta por la Ciencia en España”, una iniciativa de varias organizaciones científicas que pide, entre otras cosas, que “no se lleve a cabo una nueva reducción de la inversión en I+D+i”. La carta en cuestión ha recibido a día de hoy el apoyo de más de 25.000 investigadores, entre los cuales se encuentra el nobel de física Sheldon Lee Glashow, uno de los científicos en el que se inspiraron los guionistas de la serie Big Bang para dar nombre al ya citado personaje.

Sin embargo, por muchos y muy prestigiosos que sean los firmantes de esta desesperada petición de los científicos españoles, la decisión final de detener los recurrentes recortes sigue en manos de los políticos, que por un lado reconocen de manera unánime la necesidad de seguir invirtiendo en I+D, mientras que por otro continúan reduciendo los recursos económicos para la investigación. O sea, predicando mucho en favor de la ciencia, pero dando cada vez menos trigo al ya de por sí desnutrido y debilitado sistema de investigación español.

Con todo, lo peor no es en sí misma esta nueva rebaja prevista de los presupuestos, sino la sensación de que la ciencia sigue siendo una presa fácil a la que desplumar en momentos de crisis. Lo fue para el Gobierno del PSOE y lleva camino de serlo para el del PP si no logramos que, de una vez por todas, los que mandan tomen conciencia de aquel pensamiento de Abraham Lincoln que advertía del riesgo de dejar de investigar: “Si creen que el conocimiento es caro, prueben cuanto cuesta la ignorancia”.




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