Que unos personajillos sin formación alguna, con un expediente académico que ni siquiera les capacita para fregar el suelo y una empanada mental propia de un frenopático sean ‘la voz’ que representa a los estudiantes universitarios españoles es sólo culpa de los estudiantes que los han designado.
Me confirma una vez más el poco acierto de aquellos que se llenan la boca diciendo que tenemos la juventud mejor preparada de nuestra historia. Algo irrisorio, cuando el conocimiento de alumnos y profesores no supera el de cualquier universidad de medio pelo de cualquier país del tercer mundo.
El retrato que hace el diario de esos dirigentes estudiantiles es demoledor.
Diez años estudiando una carrera universitaria es una muestra de vagancia genética, pero son lo suficientemente listos –que no inteligentes– para haber encontrado un ‘modus vivendi’, que les permite no dar un palo al agua y vivir del cuento durante años.
De ahí su salto a la política es sólo cuestión del reloj biológico. Seguramente pronto les veremos de diputados o prebostes de alguna secta política, como medio de continuar su vida de holganza y desidia.
Los estudiantes, cuando escogen a un representante de sus intereses no buscan el más capacitado, el más inteligente, quieren el más ‘friki’ que haya. Al que sea un modelo del no esfuerzo, que en el fondo es su ideal. Sin duda, el futuro será imperfecto, caminamos decididos y con entusiasmo hacia las cavernas. Los primates se entrenan.