Nin, que es un perro viejo en el negocio bancario, con una gran experiencia y más vivencias de las que muchos podrían imaginar, ha dicho que “cuatro analistas tontos hacen confundir Bankia con España”.
Como vivimos en una sociedad en donde se ha sacralizado la juventud por encima de la inteligencia, muchas empresas se han llenado de jovencitos sin experiencia que en algunos casos ocupan puestos que les caen muchas tallas grandes. Si hacemos un repaso, los grandes pufos bursátiles de los últimos años han sido provocados por brokers de pocos años, que se sentaban en la mesa del ordenador de la sala de operaciones de su banco y creían que estaban en el casino.
Tiene razón Nin cuando señala lo de los cuatro analistas tontos. Hay veces que a uno le llegan noticias de informes lapidarios, y que cuando uno escarba encuentra los autores responsables entre los becarios, los licenciados en prácticas y algún junior con poco tiempo de experiencia laboral. Eso sí, todos con una colección de Master y perfectamente informados de las características del último modelo de Ferrari.
Esos indocumentados, por ser más suave que Nin, son los responsables de que se propaguen supuestas noticias económicas, que pueden afectar a la solvencia de un país, gracias al segundo apellido que llevan en sus tarjetas de visita, sin el cual no serían nada.
En el pecado llevamos la penitencia. En las tribus primitivas el más viejo era venerado y respetado, teniendo siempre en cuenta su opinión para decidir que hacía la tribu frente a un problema.
Hoy, la experiencia, y algo tan elemental como la sabiduría, no cotiza en las empresas, se prefieren becarios baratitos y dóciles que profesionales bregados en mil batallas.
El reloj biológico nos dice donde debemos estar cada uno en la vida, y la juventud no es una garantía de éxito. Alejandro Magno sólo hubo uno en la historia, los demás que llevaron a su pueblo a la victoria eran talluditos que ya habían estado en muchas guerras.