
Que el Excelentísimo Ayuntamiento de Girona haya decidido que los contenedores de basura orgánica estén sellados con candado, para evitar que los muy necesitados hurguen en ellos a la búsqueda de algo que llevarse al estómago, es una medida adecuada. Razones de higiene y salubridad elemental parecen aconsejarlo.
No está bien que la gente hurgue entre la basura y mucho menos que se la coma, puede contraer todo tipo de infecciones estomacales y, lo que es peor, inundar las salas de urgencia de los hospitales como consecuencia.
En compensación, probos empleados de supermercados y restaurantes ofrecerán a los marginados los comestibles a punto de putrefacción en impolutas bandejas con solo solicitarlos. ¡Y una higa!
Por otra parte, nuestro Gobierno, que piensa en todo, después de haber retirado la atención médica ordinaria a los “sin papeles”, ahora ha reparado en que entre ellos quizá exista un nicho de negocio (antes de que lleguen al nicho normal y corriente) y está ideando una especie de seguro (algo más de 700 euros anuales) mediante el cual podrían regresar a urgencias cuando les diera el ‘apretón’ como consecuencia del servicio de ‘catering’ del primer párrafo.
A estos desvelos políticos por los desfavorecidos de la fortuna debemos añadir un gran acierto del Excelentísimo Ayuntamiento de Madrid: si le pillan a usted bebiéndose pacíficamente una ‘mau’ en el banco de su calle (al lado de una terraza en la que otros ciudadanos hacen lo mismo, pagando 4 euros), le cobran 600.
Genial. Usted podrá sentirse por un instante don Amancio Ortega al pagar la cerveza más cara del mundo. Además, si usted es menor de edad le hacen un notable descuento: son 500.
La solución a la crisis económica tiene estos efectos niveladores en la sociedad, los más pobres tendrán servicio de cátering, seguro sanitario, y sus cervezas bajo el cielo velazqueño de Madrid tendrán más valor que un Chateau Lafitte degustado en Le Meurice de París.