Opinión

La soleá andaluza

Miguel Ángel Jiménez - LUNES, 13 DE FEBRERO DE 2012

La semana comenzó con el anuncio de la ruptura del Psoe andaluz a tan sólo mes y medio de las elecciones autonómicas en esa Comunidad. Todas las encuestan anuncian una intención de voto mayoritario para el Partido Popular y una fuerte pérdida del hasta ahora hegemónico Partido Socialista.

En las grandes ciudades, donde habitan los ciudadanos más preparados y emprendedores, el Partido Popular copa casi todos los Ayuntamientos. El Psoe encuentra refugio en los habitantes de los términos rurales donde, gracias a los subsidios, tenía el voto asegurado. La Comunidad andaluza, con una de las mayores tasas de paro, ha sido el auténtico vivero de votos para los socialistas, al haber gozado del poder en democracia durante 21 años.

La ruptura no se produce por diferencias de planteamientos ideológicos o políticos. Se produce porque después de las elecciones habrá menos sillas donde sentarse y eso significa pérdida de salarios, canonjías y prebendas. Y, ante ese incierto futuro, muchos se preguntan qué van ha hacer el día después.

Haciendo repaso de los dirigentes socialistas andaluces, lo primero que se descubre es que la mayoría no tienen oficio ni profesión conocida –escasez de titulación superior–, por lo que se puede afirmar sin temor a equivocarse que son sólo profesionales de la ‘política’, si entendemos por política fidelidad perruna al jefe y no aportar ideas ni proyectos para mejorar la vida de los ciudadanos.

En ninguna otra Comunidad se ha dado un dispendio tan escandaloso de fondos públicos. Era la forma de mantener contento al rebaño para seguir ellos, los ‘políticos’, disfrutando del mejor de los mundos.

Cuando llegue el Partido Popular al poder en la Junta Andaluza tendrá que entrar con máscaras de gas en el palacio de San Telmo de Sevilla, para no asfixiarse con el olor que emana lo oculto bajo sus alfombras. No sólo serán los escándalos de los ERE, sino los muchos latrocinios que se han cometido con los dineros públicos. Treinta años de poder corrompen necesariamente. Para los socialistas andaluces la Comunidad era su cortijo particular. Tenían carta blanca para colocar amigos, familiares, otorgar contratos, y hacer despilfarros sin control alguno.

Perder semejante chollo produce que muchos se queden sin despacho, coche oficial, tarjeta de crédito y tantas y tantas prebendas que imaginarse puedan. Por eso han salido a relucir las navajas como en el verso de León Felipe. O tú o yo, es lo que se discute.

La sociedad española debería prohibir por ley la permanencia en un puesto público por más de ocho años, debería exigir un currículo mínimo de experiencia profesional anterior a la entrada en política, sea de fontanero o de catedrático. Saber lo que pasa en la calle, y prohibir las llamadas Juventudes de Partido o Nuevas Generaciones, que se han transformado en el colegio de donde salen los profesionales, sin experiencia, que se perpetúan en política sin ningún bagaje real.

Lo de Andalucía es el primer caso, después vendrán más, y en este lamento por soleá el Psoe puede terminar en una ruptura. De un lado los que han hecho su patrimonio, del otro los que sólo han tenido un sueldo. Estos últimos pueden ir camino de Izquierda Unida, porque allí tienen más futuro.

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