En las películas de Robin Hood siempre había una escena al principio en la que un pérfido recaudador de impuestos llegaba –por sorpresa– al pueblo. Sálvese quien pueda. Entonces, irrumpía el arquero de Sherwood y los malos cobraban lo suyo, y la chiquillería aplaudíamos. A Sánchez Gordillo, ya le llaman el nuevo Robin Hood. Más respeto para los clásicos. El regidor de Marinaleda asalta supermercados y es velludo como un bosque. No se parece a Errol Flynn, aunque algo de medieval sí que tiene.
El susodicho ha irrumpido en dos supermercados, junto con un numeroso grupo de personas, y se han llevado una docena de carritos cargados con alimentos de primera necesidad, para distribuirlos en comedores sociales de Sevilla. Lo hizo con luz y taquígrafos; es decir, con periodistas y cámaras, no fuera que luego lo contase y no le creyesen. Pero para ser antisistema tienes que estar fuera de las estructuras oficiales. No puede serlo quien es alcalde, parlamentario autonómico, dirigente sindical –desde su sindicato se han programado estas acciones– y su partido (IULV-CA) forma parte del gobierno de la Junta de Andalucía.
Nada puede haber más honorable que luchar contra la pobreza, que implicarse en al ayuda solidaria a los demás. Cáritas lo está haciendo, y con un discurso muy crítico hacia el poder. En cambio, todo este caso parece una operación calculada para restarle protagonismo al PSOE como oposición al Gobierno central. Chirría.
¿El alcalde de Marinaleda es un Robin Hood moderno? Nada más difundirse la orden de detención, por parte del Ministerio del Interior, el coordinador general de IULV-CA se apresuró a reclamar al Parlamento andaluz que vele por los derechos que Sánchez Gordillo tiene como aforado. Errol Flynn interpretaba él sus propias escenas de acción. Así, con tanta red, no resulta igual de creíble.
Gaspar Llamazares, ha calificado los asaltos de “simbólicos”, y ha criticado que desde el Ministerio del Interior se haya ordenado que se detenga a los implicados. Por cierto, también las trabajadoras del supermercado son “trabajadoras”.
La pobreza no debería ser objeto de manipulación política. Las grandes superficies crean empleo y colaboran asiduamente con causas humanitarias, bien sea través de mecenazgos aireados o de acciones más discretas. Demonizarlas como encarnación del capitalismo es, además de injusto, irresponsable.
Sánchez Gordillo ha anunciado que habrá más “expropiaciones alimentarias”. Mal asunto, porque se saben cómo empiezan, pero no cómo pueden acabar, si un dependiente o un asaltador se pone nervioso. “El polvorín de la desigualdad está encendido y alguien le puede meter mecha, en cualquier momento, por cualquier circunstancia", ha afirmado. Sí, pero ese alguien no debe ser un parlamentario autonómico, sobre todo si su partido participa en el gobierno.
La pobreza no es un problema abstracto, sino de supervivencia real. Para miles de familias no se trata ya del paro, sino de carecer de alimentos. Pero la solución no puede venir de la mano del histrionismo político, sino de la gestión y del gesto.
El alcalde de Marinaleda habla de “regreso del franquismo” y de “terrorismo de Estado”. Pero la crisis tiene otros dueños, es decir, otros culpables. A este Robin Hood aforado los árboles de su extremismo no le dejan ver el bosque. Malos tiempos para los clásicos.
Lo cierto es que a mí siempre me gustaron más las del Zorro.